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LA GUAYABERA
Según el lugar, la guayabera fue adquiriendo diferentes nombres. En la zona de la Trocha Militar fue “trochana”, en la provincia de Camaguey fue “camagüeyana” y en la ciudad de Manzanillo era “manzanillera. Hoy en día aunque es mundialmente conocida como guayabera hay zonas de España donde se le conoce como “cubanita”.
Teniendo Cuba una posición geográfica estratégica en la época de los transportes marítimos, la guayabera llegó a otros países con relativa rapidez. En la península de Yucatán en México fue adoptada de inmediato. A las Filipinas también llegó en los barcos españoles. Su presencia en varios países de Sur América la han convertido en la vestimenta “criolla” por excelencia. Cada lugar ha aportado su toque, ya sea en el bordado, las alforzas o el corte, pero lo que sigue igual es su funcionalidad, haciendo que quien la lleva puesta simplemente la sienta como suya.
Hoy en día, nuevas interpretaciones la han puesto de moda tanto para hombres como para mujeres y niños. La guayabera está aquí para quedarse.
Nadie ha estado más tiempo en el negocio de hacer guayaberas que don Ramón Puig. Fundador y dueño de La Casa de las Guayaberas, un negocio con mas de 30 años situado en una esquina emblemática de la famosa calle 8 de Miami.
“Llevo sesenta años haciendo guayaberas” Puig habla con pasión y propiedad sobre su dedicación al negocio de la confección.“Aprendí a cortar guayaberas a muy temprana edad. Soy sastre modelista pero desde que corte mis primeras guayaberas, decidí dedicarme a esa especialidad. Yo recorría la isla de Cuba completa haciendo guayaberas. Tenía mi negocio en el pueblo de Zaza del Medio en la provincia de Las Villas pero vendía en toda la isla. Era un pueblo de familias españolas que cosían muy bien y llegué a tener veinte costureras para hacerle frente a los pedidos de toda la isla. En los años cincuenta tuve mi oficina en el Hotel New York de La Habana, cerca del Capitolio. Yo hacía las guayaberas de la mayoría de los políticos y ministros incluyendo presidentes como Carlos Prio y Fulgencio Batista. Los directivos de la compañía Bacardí también eran mis clientes”.
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